En esta entrada se hablará del colectivo gitano, cómo minoría étnica y como grupo marginado, que tiene consigo una serie de prejuicios y estereotipos que les impiden estar totalmente integrados dentro de esta nuestra sociedad.
Aquí os presento a Carmen y Francisco. Ella era una mujer luchadora, criada a la antigua, donde los hombres no podían hacer nada en la casa, pero sí se tenían que poner a trabajar lo antes posible para colaborar dentro de la familia. Él era un hombre trabajador, capataz de obra, que si hubiera podido estudiar, hubiera llegado muy lejos. Mucha gente iba a pedirle consejo ya que sabía leer y escribir, y además, al gustarle leer, sabía de muchos temas diferentes.

Ellos dos vivían en una casa de vecinos del Corral del Conde, en el centro de Sevilla, en un piso de 3 habitaciones. Tuvieron 14 hijos pero solo sobrevivieron 7.
La pregunta es ¿Son gitanos?
Es la historia de los padres de mi padre, osea, la de mis abuelos. Ellos eran una familia "normal" (con todos los rasgos subjetivos que conlleva esa palabra) de la época, donde se trabajaba mucho, se tenían también muchos hijos a los cuales se les criaba sin tener en cuenta teorías psicológicas ni evolutivas, sin lujos pero también sin pasar hambre.
La cultura gitana se la sigue representando como algo estático, es como si la forma de ser y de vivir de miles de personas se hubieran quedado estancadas a como estaban en un principio, y no es así.
Hay muchos tipos de sentimiento gitano. Existen muchos rituales y rasgos culturales que se han ido perdiendo por el camino, y otros que, por suerte, aún perduran, como por ejemplo el respeto a sus mayores.
Nosotros mismos, como estudiantes y futuros trabajadores y educadores sociales, seguimos teniendo esa visión del mundo gitano romántica, llena de flamenco, familia, bullicio... y es algo que he visto planteado en parte de la exposición de mis compañeras. Con esto no quiero criticarlas, simplemente han dado datos sobre cuantos trabajan y cuantos no, y también donde lo hacen, pero creo que las mismas problemáticas tiene la población en sí.
Tenemos que tener en cuenta que el pertenecer o no a una familia o llevar un apellido, que es en definitiva lo que te hace ser gitano, no hace que seas discriminado o marginado, sino el ser mujer, mayor de 45 años y sin empleo, tener problemas con algún tipo de sustancia adictiva, ser joven y sin ningún estudio... estas características son las que te hacen estar en riesgo de exclusión social, y es a lo que nosotros debemos centrarnos, ya que el apellidarse Heredia o Flores no hace que no te contraten, lo que hace que te denieguen un empleo es ir mal vestido, no tener estudios, la falta de higiene y demás aspectos.
Creo que entre todos debemos cambiar la mentalidad de las personas y con ello quiero decir, empezar a cambiar las nuestras propias.
Como pudimos ver en la clase de Cultura Andaluza del cuatrimestre pasado, los gitanos llegaron a España, pero después se fueron fusionando su cultura con la aquí existente creando lo que tenemos ahora. Hay muchos rasgos que son parecidos o idénticos. Hasta hace bien poco eran pocas las familias que no tenían en su casa a su abuelo o abuela porque era impensable llevarlos a una residencia.
También hay rasgos propios de la cultura gitana que ha ido cayendo en desuso, como el ritual del pañuelo. Son pocas las familias que siguen p

racticándolo. Un ejemplo de esto es la prima de mi novio que se casó y ya tenía una hija (si, llevaba corona y zapatillas de plumas a conjunto con un abanico también emplumado).
Con todo esto no es que esté diciendo que no se deba intervenir con las personas de étnia gitana, sino que lo que quiero decir es que no se interviene con ellos porque sean gitanos sino porque tengan algún problema que conlleve riesgo. Si no lo tiene con quien se debería intervenir es con el resto de la sociedad ya que el hablar caló no es síntoma de marginalidad.